28.8.09

El Mundo alucinante, una novela de aventuras.




Para los que les gusta la Historia de México, sabrán quién fue Servando Teresa de Mier*, para los que no, en la novela El mundo alucinante, del cubano Reinaldo Arenas**, nos da la oportunidad de conocerlo, pero no como una novela histórica, donde el escritor trata de reproducir la vida del personaje lo más cercana posible a la realidad, Arenas lo hace de una manera distinta.


En El mundo alucinante el autor toma a Fray Servando Teresa de Mier y nos narra su vida, en la que el huir es parte imprescindible del personaje. A partir de su sermón sobre la Virgen de Guadalupe, un 12 de diciembre de 1794, donde argumentó que la “Madre de México” ya se había presentado ante los indios mucho antes de que llegaran los españoles a tierras americanas, a través de la figura de Tonantzin, le valió ser exiliado del país y ser encarcelado en España, donde comienza las fugas constantes durante su vida.


A diferencia de una novela histórica, Arenas nos da su opinión sobre el pensamiento del fray e interpreta las distintas situaciones a las que se enfrenta el cura. La interpretación del autor en ocasiones suele ser delirante, irreal, sin embargo atrapa al lector en esa realidad que se presenta ante sus ojos, que termina por ser veraz, como el pasaje en el que Servando se encuentra en una de las tantas cárceles en las que estuvo, encadenado al grado de estar completamente hecho una bola de hierro, por tantas cadenas, y así evitar su escape.


Algo que se destaca es la forma de pensar de Teresa de Mier: un crítico del sistema de gobierno, religioso y cultural, ya que el escritor, durante toda la novela, cita constantemente la obra del fray: Apología, referencias que agrega como parte de la voz del personaje.


Lo que hace más interesante esta obra, es cuando comparamos la vida del personaje con la vida del propio autor, las cuales tienen muchas similitudes: ambos vivieron huyendo, fueron exiliados de sus países, varias veces fueron encarcelados, etc. Por algo Arenas se interesó en Servando Teresa de Mier.

El Mundo alucinante, una novela de aventuras.
Autor: Reinaldo Arenas
Editorial: Tusquets
Año: 1997


*Fray Servando Teresa de Mier. (José Servando Mier Noriega y Guerra). Nace en Monterrey, Nuevo León en 1765 e ingresa a la orden dominica a los 16 años. Estudia filosofía y teología y obtiene el doctorado a los 27 años.
**Reinaldo Arenas fue un
novelista, dramaturgo y poeta cubano. Nació en Aguas Claras el 16 de julio de 1943 y falleció en Nueva York el 7 de diciembre de 1990.

3.8.09

“Que Bito Manué tenga cuidao del dzulúm”




Comparto con Uds. un trabajo que hice para el diplomado de Literatura que estoy tomando. Es algo muy sencillo.

“Que Bito Manué tenga cuidao del dzulúm”
Indigenismo, negrismo y transculturación
Castellanos, Zepeda y Guillén.

Los países latinoamericanos, desde su descubrimiento, han sufrido en su mayoría la violencia y el desprecio, desde el encuentro y la fusión de dos culturas completamente distintas que han creado una nueva forma de vivir el mundo.

El encuentro de dos culturas es brutal, mientras los nativos del nuevo continente adoraban a varios dioses, además de tener una forma diferente de organizarse socialmente, los españoles venían con la concepción de un sólo dios, así como, con la intención de encontrar riquezas.

Este encuentro, que llevó varias etapas (colonialismo, indepencias, etc.) llegan hasta el siglo XX, y los escritores tienen la necesidad de una búsqueda de identidad y explicación de lo que ahora somos, y se vuelcan a las raíces precolombinas y en los inicios de nuestra historia occidental, y también en el reconocimiento de los descendientes de los antiguos habitantes, que llevan a cuestas tres concepciones sociales: la del mestizo, que es el resultado de la fusión de dos culturas y reclama sus derechos como descendientes de españoles y el aborigen; el propio índigena, que todavía es visto como un ser menor en la sociedad; y la historia, que es la más pesa para el propio in
dígena.

Los escritores son sensibles a la situación social y política que viven los indígenas y los mulatos del Caribe, son los que poseen el conomiento milenario de nuestro antepasados, y en el caso del indígena, de nuestro país, que en pleno Siglo XX, siguen siendo tratados “como a niños menores” [Castellanos, 2008, 93].

Los libros que elegí para explorar entre indigenismo, negrismo y transculturación son: Balún Canán de Rosario Castellanos; Motivos de Son de Nicolás Guillén; y Benzulul de Eraclio Zepeda. La primera y el último autor tienen como personajes principales a los indígenas, sus costumbres, la opresión a lo que eran sometidos, y en el caso de Guillén, es el reconocimiento abierto al negro, que llegó a la isla de Cuba como esclavo, y al igual que el nativo del nuevo continente, y en el que la mezcla fue inevitable, el poeta reconoce y destaca la aportación de los africanos a la cultura antillana. A esto se le suma a que cada autor hace uso del lenguaje de forma muy distinta, que más adelante comentaré.

La ciudad de las nueve estrellas: Balún Canán.
En Balún Canán, la ciudad de los nueves guardianes o nueve estrellas, aborda la condición entre dos clases sociales: la del patrón y la del indígena, principalmente, pero en la historia también se cuelan personajes que no poseen un reconocimiento social, no por ser indígenas, sino por el sólo hecho de no ser reconocidos por el padre, o los personajes que logran mejorar su situación económica, y por lo tanto social, y que las frustraciones de venir en una clase inferior es descargada en contra del indígena.

Castellanos, a través de la voz de la niña, hija de la familia Argüello, de sólo siete años, narra las creencias de los indígenas, ya que las aprende de su nana, mujer india que cuenta desde el origen de su raza, creada por cuatro señores, pero a su vez, la pequeña cuenta las acciones realizadas por los adultos, principalmente la de sus padres, en contra de los indios, desde una visión inocente, sin comprender exactamente el por qué del desprecio y el maltrato hacia la nana y a la servidumbre.

Así, Castellanos se preocupa por explicar al lector los significados de los mitos y leyendas de seres fantásticos, creados en el mundo indígena y que no es comprendido por la clase domin
ante.

Las nueve estrellas; la creación de los indígenas por cuatro señores que buscan hacer al hombre que no se rompa, ni se derrita, ni que le pase nada, dando como origen a los seres humanos y dejados en la selva, para que después el hombre recordara por siempre a los señores que lo crearon, es el mito de creación de una raza; o el ser llamado dzulúm que se lleva a quien lo vea, son historias que la autora explica con detalles, en voz de la nana, y que todos los de la comunidad también conocen los mitos.

La autora, con un lenguaje poético, pero a su vez racional, introduce al lector al mundo indígena, a través del personaje de la nana; también explica el trato que tienen los indios de Chiapas, en la época de Lázaro Cárdenas, justo cuando realizó el reparto agrario, y también nos da la mirada de los ladinos sobre los indígenas, cuando personajes como Zoraida y el propio César Argüello muestran sus ideas sobre ellos: “…el mismo gobierno azuza a los indios contra los patrones, regalándoles derechos que los indios no merecen ni son capaces de usar” [Castellanos, 2008, 93], creyéndoles incapaces, inútiles sin la dirección de un blanco y sin derechos a una vida digna.

Pero también muestra situaciones de desigualdad, como los que no son reconocidos legalmente como Ernesto, hijo del hermano de César Argüello, y lo deja fuera de cualquier beneficio material que le hubiera podido pertenecer; o la misma Zoraida, de venir de un estrato social bajo, y que acepta casarse con Argüello, para mejorar su vida económica y social.

Como tema secundario, es la condición de la mujer, que se suma al ser indígena (como la nana), y no tener los mismos derechos como la niña, hija de Argüello, quien para su madre, Zoraida, hubiera preferido que muriera ella en lugar de su hijo Mario, quien tiene el derecho “natural” de heredar los bienes familiares, además de continuar la estirpe. Castellanos deja ver no sólo la opresión y el abuso que sufre el indígena, sino que además a través de sus personajes femeninos, muestra el desdén social hacia las mujeres.

En resumen, Castellanos hace referencia a la situación de abuso en la que vivían los indígenas, siempre desde la visión del “patrón”; la presión social a la que eran sometidos los hijos bastardos y los desposeídos; y de las mujeres que no cumplían con los dos caminos deseados: ser monja o casarse y tener hijos, y el no cumplir con cualquier de estos dos destinos, es sancionado por la sociedad.

El nombre es lo que importar. Benzulul.
En el libro Benzulul, de Eraclio Zepeda, se aleja mucho del enfoque que Rosario Castellanos da en Balún Canan al tema de los indígenas, que lo hace desde las voces dominantes (como el patrón, la esposa del cacique, dueños de tierras, etc.). Zepeda nos introduce al pensamiento del indígena, a sus preocupaciones, desde ser una persona honesta, trabajadora, que sólo busca un pedazo de tierra para trabajarla y darle a su familia lo suficiente para vivir, siempre como voz principal, pero se destaca en varios de sus cuentos, que algo sucede y el indio es arrastrado a cometer algo indebido, algo que lo obliga a perpetrar una ilegalidad y por lo tanto es sancionado, no sólo por las leyes, sino por el propio destino.

En el caso del cuento “Benzulul”, la importancia del nombre para el propio Benzulul, personaje principal del cuento, destaca cómo el nombre con el que es “bautizado” una persona, puede llevarlo por un destino que tendría un reconocimiento social, hacer lo que le plazca, por el sólo hecho de tener un nombre de ladino y de patrón, o puede ser un “invisible”, por decirlo de alguna manera, y cualquier acto de ilegalidad o los derechos que le corresponden por sólo ser una persona, inmediatamente la cae el peso de la ley. “Y desde siempre ha sido así. El que tiene buen nombre de ladino, nombre de razón, ese tá seguro. Ese hace lo que quiere y siempre tá contento. Pero eso de llamarse Benzulul, o Tzoctzoc, o Chejel tá jodido” [Zepeda, 2008, 12]. En esta parte, el personaje nos dice que el ser indígena ya es desventaja en la vida, ya se vive con dificultades, a diferencia del que está en un estrato social más alto. El fin de la historia es la muerte, en este caso Benzulul trata de usurpar la identidad de un hacendado, que es cobrado con su propia vida.

Se destaca, a diferencia de Castellanos, el uso que hace Zepeda del lenguaje. En ningún momento se toma el tiempo para describir los significados de las palabras indias, además que es cotidiano, muy natural, como el uso de los artículos “el” o “la” antes de un nombre propio, que nos permite entenderlo como parte de la expresión cotidiana. O palabras como “oyí”, “manque”, “naiden”, sin necesidad de que haya explicación de parte del narrador, ni mucho menos precisiones sobre expresiones comunes dentro de una comunidad.

Considero que Eraclio Zepeda, en esta obra, se acerca más a Nicolás Guillén, en los poemas de Motivos de Son, porque ambos se apropian del lenguaje cotidiano, y con esa misma naturalidad exponen sus historias, preocupaciones y, sobre todo, buscan entender un mundo (el del indígena o el mulato) que son discriminados en la sociedad en la que viven.

Sin embargo, en cuanto al tema que les ocupa, tanto a Castellanos como a Zepeda, se aleja de Guillén, ya que sus personajes son los mulatos y negros de Cuba. Lo cual es lógico, ya que los dos primeros autores comparten el haber nacido y/o vivido en la misma área geográfica, y en cambio, el poeta cubano está en otro país, sus circunstancias son otras, y su tema, por lo tanto, es más cercano a su experiencia personal.

¡Songoro consongo, vamo a bailá pue!
No puedo dejar de comentar el lenguaje utilizado por Guillén en sus poemas, es una fiesta, un baile o un canto, y al leer: “¡Ay negra, / si tu supiera!/ Anoche te bi pasá / y no quise que me biera. / A é tú le hará como a mí, / que cuando no tube plata / te corrite de bachata, / sin acoddadte de mí. / Sóngoro cosongo, / songo bé; / sóngoro cosongo / de mamey;/ sóngoro, la negra / baila bien; / sóngoro de uno / sóngoro de tre./ Aé, / bengan a be; / aé, / bamo pa be, / bengan, sóngoro / cosongo, / sóngoro cosongo de mamey.” [Guillén, 2002, 29], no puedo separar de la legendaria Celia Cruz, quien también en algunas de las letras de sus canciones también es un lenguaje común y corriente del mulato de la isla, como en la canción “Burundanga”: “Songo le dio a borondongo / borondongo le dio a bernabé / bernabé le pegó a muchilanga le echó a burundanga / les hinchan los pies / Monina”, por sólo ejemplificar.

Con un lenguaje que parece construirse a partir de los ritmos de tambores y bongós, en los poemas de Guillén hay una intención de dignificar la existencia del negro, de ponerlo a la misma altura de los “blancos”, incluso, la energía que despliega el mulato al ritmo de los instrumentos traídos por los africanos, también vive dentro del “blanco”, como lo dice en el poema “La canción del bongó”: “Esta es la canción del bongó: / —Aquí el que más fino sea, / responde, si llamo yo. / Unos dicen: Ahora mismo,
otros dicen: Allá voy. / Pero mi repique bronco, / pero mi profunda voz, / convoca al negro y al blanco,
que bailan el mismo son, / cueripardos y almiprietos/ más de sangre que de sol, / pues quien por fuera no es de noche, / por dentro ya oscureció./ Aquí el que más fino sea, / responde, si llamo yo.”[Guillén, 2002, 40].

El propio poeta, en su prólogo de Sóngoro cosongo explica la importancia de la cultura africana en el Caribe: “Diré finalmente que estos son unos versos mulatos. Participan acaso de los mismo elementos que entran en la composición étnica de Cuba, donde todos un poco níspero… La inyección africana en esta tierra es tan profunda, y se cruzan y entrecruzan en nuestra bien regada hidrografía social…” [Guillén, 2002, 36]

A los tres autores se les incluye en una misma corriente, ya que, efectivamente, hablan de los que históricamente han sido desterrados, abusados y desdeñados, como el indígena y el mulato. Sin embargo, al conocer las circunstancias por las que escribe cada autor, se alejan entre ellos, incluso en la forma de manejar el lenguaje, pero no dejan de mostrarnos una realidad que está de forma paralela al “blanco”, y considero que buscan reivindicar al indígena y al africano que han aportado grandemente a la cultura latinoamericana.

Bibliografía:
• Castellanos, Rosario. Balún Canán, 1ra. Edición de la 5ta. Reimp, FCE, México, 2008, pp.286.
• Zepeda, Eraclio. Benzulul, 4ta. Reimp. De la 3ra. Edición, FCE, México, 2008, pp. 141.
• Guillén, Nicolás. Motivos de Son y otros poemas, 1ra. Edición, Gpo. Editorial Tomo, México, 2002, pp. 193.

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