29.7.07

Charlas de camión...

Mientras escucho, ¡claro! sin querer... en el asiento trasero del camión...

Ella: He decidido olvidarte, y aunque no me arrepiento de haberte conocido, me retiro... porque me siento lastimada.

El: no... cómo crees, te aseguro que no te arrepentirás de haberme conocido...

Ella: no me arrepiento, simplemente que lo que me dices no es sincero... me retiro...

Yo mientras, en silencio, componiendo una historia de amor que, seguramente, no fue...

26.7.07

Crónicas no tan marcianas VII

Cómo dos tacos de pescado pueden cambiar la vida… por lo menos un día.


Una tarde cualquiera, decidí comer en la calle antes de llegar a casa: el objetivo, no cocinar. Me paré en un carrito de tacos de pescado, pensando que a lo mejor se acercaba a los que hacen en Ensenada.

Dos tacos bien “reportados”, con una ración de pescado capeado muy grande en cada uno, llenos de verduras, bañados en crema y salsa, me saboreaba siempre con mi ciudad en la mente. Mientras sostenía en mi mano izquierda el plato que contenía ese platillo típico de mi Ensenada, silenciosamente, un hombre, de aspecto sencillo, relativamente limpio y con una cicatriz muy pronunciada en su frente, se acercó hacia mi y me pidió unas monedas para completar un taco, mientras que extendía su mano para mostrarme dos monedas de 25 centavos de dólar, para que, posiblemente, calculara lo que le hacía falta.

Como reacción primera fue negarme, pues no acostumbro a dar dinero, porque pienso que darles no es una solución a su falta de trabajo y de oportunidades para una vida digna, que un gobierno no ha dado a su pueblo; es como si pusiéramos un “curita” a una herida que es mucho más profunda, cuando ya necesita una intervención quirúrgica, y que conforme pasan los días, cada vez se marca y se ahonda. En ese momento recordé las veces que mi abuelito Nacho platicaba cuando alguien le pedía dinero para comer, él los invitaba, sólo había más que dos cosas: o aceptaban o se negaban, era cuando mi abuelito se daba cuenta si realmente querían comer o era otras sus intenciones… Lo recordé e hice lo mismo. Le dije al hombre que pidiera un taco, y sin dudarlo lo hizo. Después le ofrecí otro e inmediatamente aceptó.

En ese momento pensé que, tal vez, mitigué su hambre por ese día, sin embargo no significó la solución a la desgracia de la pobreza; a la incertidumbre de que si se tendrá algo que comer en las siguientes horas; a la falta de todo para vivir dignamente como ser humano; a la falta de ilusiones en esta vida, porque este sistema, inventado por los humanos, es cruel con muchos y a muy pocos les toca la fortuna (de cualquier fortuna); de que sus pensamientos se limitan a buscar un posible mañana inmediato, muy inmediato, un techo, un cobijo (y aquí ni el cielo ni las estrellas, como se dice en la poesía, no hacen ni de casa ni abrigo); hombres y mujeres como aquel que devoró los tacos de pescado, se preguntan si existirán al día siguiente. Regresé con esa vergüenza a mi casa.

1.7.07

EL PALETERO

Tilín, tilín, tilín
Pasa el paletero por la calle
Sonando la campana.
Ricas paletas de hielo
Trae en su carrito,
Que empuja todo el día,
Parando de vez en vez
En alguna sombra.

Ya los niños
No salen corriendo de sus casas
Con sus madres detrás
Llevando el monedero en sus manos
Para comprar esa delicia helada.

Ya no se acumulan para elegir
Una paleta de limón,
Fresa o chocolate.
Ahora las prefieren
Empaquetadas
De la trifty o de la royal

El paletero recorre las calles
Bajo el sol que no perdona.
Mueve su campana
Anunciando su paso,
Pero ahora está solo.
Los pequeños prefieren la tele,
Los pequeños prefieren
Comprar en la nevería de marca

Tilín, tilín
Se escucha al pasar,
Pero nadie sale
A rescatarlo del trabajo,
A salvarle el día,
Y el paletero se va,
Se va
Como pidiendo salvación
Por esa vida que Dios no le dio.

Tilín, tilín, tilín, tilín
Se aleja
Y nadie salió.

Mientras cuidas exámenes

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