26.9.06

El asesinato de Elena Garro




Después del escándalo que suscitó la apertura de documentos al escrutinio público, por parte del Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), donde, supuestamente, la escritora Elena Garro fue una espía del gobierno, vale la pena leer el libro El asesinato de Elena Garro (Editorial Porrúa, 2005) de la investigadora Patricia Rosas Lopátegui, que ya de entrada sugiere el enfrentamiento y los problemas que la escritora afrontó en vida.

Y aunque se escuche escandaloso el título, es la metáfora que Rosas Lopátegui utiliza para señalar el silencio a la que fue obligada a guardar la autora de Los recuerdos del porvenir, como lo señala en la introducción.

Es en esta parte, que la catedrática de la Universidad de Nuevo México, en Estados Unidos, explica a qué se refiere con asesinato:
“… Garro padeció el sentimiento de muerte o aniquilamiento… en diferente formas y matices: la destrucción de su carrera, la intimidación y el rechazo manipulado por la opinión pública; físicamente sintió su mortalidad en 1968, y en los últimos treinta años de su existencia sólo conoció un hambre feroz y una soledad mortífera” (p. 33).

Con este párrafo, Rosas Lopátegui resume el tono que llevará el resto del libro, donde Octavio Paz, los funcionarios del gobierno y los intelectuales se vuelven en contra de Garro.

En El asesinato de Elena Garro, la investigadora revela el trabajo periodístico de la escritora mexicana, y digo revela, porque fue una labor poca difundida, además de que las publicaciones, muchas de ellas, se perdieron y se tuvieron que transcribir por el estado en que se encontraba el papel del impreso. Entre los rotativos en los que publicó Garro, y que Lopátegui rescata, son Presente y Por qué, y en la revista Mañana.

El trabajo de investigación, desde su índice, es minucioso, muy bien organizado, lo cual se puede encontrar el trabajo periodístico de Garro clasificado en décadas, que se inicia en los años 40, y finaliza hasta los 90.

De ahí que la autora de El asesinato de Elena Garro hace un estudio muy detallado de la obra periodística, que lo circunscribe dentro de la vida personal de la escritora, lo que nos permite conocer su relación que llevó con el Premio Nóbel, Octavio Paz; la amistad con Carlos A. Madrazo; Rubén Jaramillo, entre otros. A través de sus textos, Rosas Lopátegui extrae fragmentos que la llevan a deducir dichas relaciones con estos hombres.

Pero además, muestra la faceta crítica y rebelde de Garro, que la llevaron a hacer innumerables denuncias en contra de los gobiernos en turno, de los terratenientes que asesinaban con impunidad a los campesinos, y sobre todo, a dar golpes en contra de los intelectuales que se decían de izquierda, pero guardaban silencio ante los atropellos del gobierno.

El dato curioso, y tal vez de aquí venga la idea de que Elena fuera espía, es que ella era anticastrista, anticomunista y católica, pero no por eso delatora, pues lo único que hizo, según el análisis de la investigadora, es denunciar, con su pluma, a los intelectuales que se decían comunistas, pero en la práctica guardaban silencio, los cuales fueron vigilados al igual que Garro, por el gobierno.

Sin duda, El asesinato de Elena Garro es un documento valiosísimo tanto para los que estudian la literatura mexicana, como para los que nos dedicamos al periodismo, además que nos acerca al lado más combativo de la escritora.

1.9.06

"Actualmente son más escritores": José Emilio Pacheco.


Publicado en la edición impresa #16 de Entre Líneas

Por Lizeth García

Preocupado por los tiempos vertiginosos de la sociedad actual, que se acostumbra, en un abrir y cerrar de ojos, a los cambios tecnológicos, José Emilio Pacheco cuestionaba constantemente a los jóvenes que nos encontrábamos con él, en el pequeño restaurante del Hotel Kino, en Hermosillo: “Yo quiero saber, cómo es que siguen leyendo algo que escribí hace más de 25 años”, y cada que recordaba, regresaba a ese punto la conversación.

“Yo no me imaginaba el 2006 en 1981, todo ha cambiado. Vean nada más lo que ha sido la transformación de nuestra vida cotidiana en los últimos 15 años, un mundo sin internet, sin teléfonos celulares, ya ni siquiera recuerdo qué estaba de moda en los libros en 1981, si hubiera querido escribir un libro de moda no lo leerían hoy…”, en una de esas comentó el escritor agobiado con tan sólo pensar en los avances de la tecnología.

Con un tono franco, José Emilio agregó que nunca pensó que su libro Las Batallas en el Desierto lo leerían más allá de cinco personas, y volvía a insistirnos a los cuatro jóvenes, casi treintañeros, cómo es que nos gustaba su obra, “Me sorprende tanto, yo pensé que mi libro lo iban a leer cinco personas”.

La plática, aderezada con un café hirviendo, pese a que la temperatura en esos días fue de 48 grados, el poeta resaltó que sus novelas, no son nostálgicas: “Otra cosa que me dicen '¡ay! me encantó su libro porque es tan nostálgico', no es nostálgico. Nostalgia es decir 'fue mejor el pasado que el presente', ¡no!, el pasado fue tan terrible como el presente, es la memoria, es recordar, pero no decir 'era”.

“Acuérdate de lo que decía de los que maldecimos el progreso, y que horror la contaminación, es cierto, pero nada más imaginemos un mundo sin anestesia, es imposible. Acuérdense en la época de la Revolución, tan importante entre Sonora y Chihuahua, no había comunicación directa, tenías que subir por Estados Unidos y bajar para llegar”.

Conforme pasaban algunos de los escritores por la puerta principal del restaurante, porque todos los invitados que llegaron al encuentro de escritores Horas de junio, fueron hospedados en aquel hotel, se acercaban para saludar al poeta, que una noche anterior fue homenajeado frente a más de 300 personas que se congregaron en el auditorio de la Sociedad Sonorense de Historia.

Mientras veía a algún escritor conocido, de repente a José Emilio le asaltaban ideas que lo alejaban de la conversación para comentarlas. Entre esas fue su encuentro con el hijo de Álvaro Obregón, tal vez porque estaba en tierras sonorenses, ciudad que vivió la Revolución Mexicana, y que dio uno de los caudillos más reconocidos, el escritor dijo: “Me pasó la cosa más extraordinaria, estaba hablando de las cosas que se parecen del asesinato de Obregón, y es el modelo del asesinato de Colosio, y que de repente veo que entra Álvaro Obregón, 'Alvarito', el hijo, yo me quedé horrorizado, un fantasma, porque se parece muchísimo”, después comentó las semejanzas entre el asesinato del caudillo, con el de entonces candidato a la presidencia, en 1994, y cómo es que la canción “La culebra” es el guión de esos dos asesinatos, que, para variar, los que recuerdan el momento del asesinato de Colosio, estaba de fondo, mientras le dieron muerte en Lomas Taurinas, en Tijuana.

El problema de los escritores de hoy, es que son muchos.

Estar al tanto de las nuevas plumas que surgen en la actualidad, el autor de Las batallas en el desierto dijo que le es imposible conocer a todos, porque ahora son más los que escriben, que publican libros, que colaboran en revistas e incluso en internet.

“Ustedes tienen algo terrible, que es el número, o sea, cuando yo tenía su edad, éramos 15 aspirantes a ser escritores, cosa que sí me hace sentirme muy mal, no tengo tiempo de tratar a nadie, y a mi me recibían los escritores en sus casas. Por ejemplo, yo iba a ver a Alfonso Reyes. ¿Cómo encontraba tiempo? y otra cosa que nos parecía ridículo, pero era un acto heroico de Reyes, es que tu le mandabas un libro y él te contestaba una cartita, ¿cómo lo hacía?, claro era otro mundo, que hoy está transfigurado”, comentó el poeta, y reiteró: “Pero también la primera diferencia entre ese mundo antiguo y el de hoy, es que somos muchísimos (escritores)”.

Los talleres literarios, la comunicación, “cuánto hubiera querido tenerlos, a mi nadie me enseñó, yo tengo unos textos horrendos, que pensé que nadie iba a leer, a mi nadie me corrigió, a mi nadie me leyó”, continuó un poco alarmado.

José Emilio Pacheco resaltó que ser escritor es como cualquier oficio, se tiene que trabajar mucho para perfeccionarse, entender que los elogios no llegan fácilmente, “deben darse cuenta que es un trabajo como cualquier otro, el cual deben aprender las reglas”.

Al tratar el tema sobre ser escritor y cuánto vale el trabajo que realiza, el autor de Morirás lejos, comentó que escribir textos no se le da mucho valor, por lo que se cree que no se debe pagar.

“Y eso es importante saber, que nadie lo sabe, y es que me dicen ¿cuánto quiere usted cobrar por esto? Creo que deberíamos cambiar de nombre, no decir 'soy poeta, soy pintor', sino decir 'soy técnico en ediciones de prosa y texto', algo así”, comentó en tono de burla.

“Me han dicho: 'le vamos a pedir que nos haga un prólogo de 40 cuartillas, para una cosa sobre arte de zinzunzan', '¡ay! maestro (por eso es que odio la palabra 'maestro', cuando oigo la palabra, ya sé a lo que vienen) fíjese que el pago del texto no está contemplado', y le digo: 'pero usted cobra por su trabajo, y el que hace el papel, y el que toma las fotos les pagan', o si no, esto es más ofensivo cuando le dicen: 'oiga yo pensé (me decepciona mucho) que a usted no le interesaba el dinero”, dijo en voz baja y se acercó a nosotros para casi secretear.

Con los medios de comunicación y la publicidad, han degenerado al escritor, hasta convertirlo en una comedia, retomó su crítica a la actualidad, “pero de ahí viene el problema, un Dan Brown, ese es el fenómeno actual de la concentración. Se concentra la fama en una persona. Yo vivía, era un mundo que había una clase media literaria, una diferencia radical entre ustedes y nosotros, es que no había becas, no había talleres, no había nada, y uno se ganaba la vida con articulitos, traducciones y todo eso”.

Las nuevas formas de promover a los escritores y sus obras, han llevado a sustituir a los que escriben reseñas, a los que son críticos, por las entrevistas en televisión: “A mi lo que me horroriza, es que cuando alguien ha publicado varios libros, uno se pregunta donde están las reseñas. Nosotros publicábamos un libro, aunque fuera a favor o en contra, pero había reseñas. Ahora tienes entrevistas y programas de televisión, pero no hay reseñas”.

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