15.5.06

Ocho años de Existir


Iniciar un proyecto editorial no es fácil, sobre todo cuando se trata de personas que quieren trabajar de manera independiente, para no estar dando cuentas a nadie por lo que se publica ni muchos menos depender del subsidio de las instituciones culturales del gobierno, que en el momento en que lo deciden o cambian de administración retiran dicho aporte.

Hace unas semanas, la revista literaria Existir celebró su octavo aniversario, coordinada por Gilberto Licona, quien ha estado desde que surgió la idea de lanzarla. Se dice fácil, pero ha sido un camino duro y lleno de baches. Pero además de publicar mes con mes, más de 100 números, ha impulsado la publicación de cuadernos independientes de poesía de escritores de la región, de los cuales muchos de ellos no habían tenido la oportunidad de publicar con alguna editorial o ganar un concurso de literatura.

Recuerdo las primeras ediciones de Existir, eran fanzines que fotocopiaban el equipo de estudiantes que impulsaban este proyecto. Poco a poco, los pequeños comerciantes comenzaron a apoyar con publicidad a la revista, que ahora sigue mostrando a los nuevos talentos que desean expresarse, y es este espacio abierto que se los ha permitido.

En su octavo aniversario, Existir presentó un poemario que suma a la colección conformada por trece cuadernillos, que ha impulsado desde el 2000. Jhonnatan Curiel se suma a la lista de poetas jóvenes que muestran su trabajo escrito a través de las publicaciones, quien presentó Estival, el pasado 23 de abril, en la sala audiovisual de la Escuela de Humanidades (EH), lugar de donde surgió el proyecto.

A la celebración, se unieron los proyectos editoriales Entre Líneas y Catarsis. La primera abarca temas como problemas sociales, humanidades, política y cultura, realizada por egresados de las cuatro carreras de la EH; y la segunda aborda las teorías de la psicología y arte, realizado por alumnos de la carrera de psicología.

Con más de 50 personas que asistieron a la celebración, Licona expresó que la clave para mantener este tipo de proyectos es la constancia “sobre todo porque las humanidades ya están fuera de cualquier proyecto”. Y efectivamente, la literatura todavía capta el interés de muchos, pero si se habla de la historia y la filosofía, es difícil encontrarnos con algún texto de estos temas en las revistas comerciales.

Por su lado, Christian Alejandro Castro, director de Entre Líneas, agregó que los estudiantes deben generar sus propios espacios y medios, para fomentar la reflexión y el análisis, y es en las universidades donde se gestan estas propuestas.

Enhorabuena a todo el equipo de Existir, que ha llegado a sus ocho años de difundir la poesía, la reflexión y el libre pensamiento.

Ser mujer, estudiante y joven, eran tres inconvenientes: Rosina Conde


Rosina Conde es una mujer multifacética, de la misma forma que escribe, se sube al escenario y realiza un performance, o crea atuendos tanto para ella como para Astrid Hadad, sin embargo el ser artista no es fortuito, ya que en su familia la tradición de la creación data de varias generaciones.

“No soy generación espontánea, mi abuela era cantante y actriz, mi madre era cantante profesional, cantaban en la XEW en México”, detalló Conde, respecto a su vena artística.

Nacida en Mexicali, donde residió por un tiempo, y después se mudo junto a su familia a Tijuana, lugar donde nacieron el resto de sus hermanos. A ella le tocó el movimiento hippie, de los años setenta, tiempo que fue muy intenso para ella, ya que dentro de su familia había una conciencia social que reflexionaba por lo que había pasado el País.

Junto a un grupo de personas, Rosina Conde fue fundadora de la Escuela de Humanidades, de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), así como del Colegio de la Frontera Norte. Actualmente se desempeña como profesora investigadora de la Academia de Creación Literaria de la Universidad Autónoma de la Cd. de México. También es diseñadora y realizadora del vestuario de la cantante Astrid Hadad.

En un perfomance que tienes, el cual lo podemos leer en tu página (www.rosinaconde.com), es autobiográfico, lo que me llamó la atención es que hablas lo difícil que fue para ti el haber sido mujer, estudiante y joven, esos tres elementos eran un pecado…
Fue una época donde había una agresión muy fuerte hacia los adolescentes, por todo las repercusiones del movimiento del 68 y la del 71, y Tijuana no estaba exenta de eso, también aquí hubo represión, de hecho a mi me tocó participar en la huelga de la UABC, cuando tomamos las instalaciones del Campestre para exigir que a la Universidad se le dieran terrenos; el terreno que tenemos de la UABC, en la Mesa de Otay, no es gratuito, eso fue un logro estudiantil de un movimiento en el que participó mi generación…

¿Fue difícil para ti, abrir camino para llegar a lo que eres ahora?
Pues sí, para empezar no era común que las mujeres estudiaran carreras universitarias. Aquí en Baja California se les preparaba para secretarias, y no nada más lo digo en mis performances, también lo digo en mis cuentos, o te preparaban para secretaria, para el comercio o si estudiabas una carrera, era una carrera contable o del magisterio. Había muy pocas abogadas, no había dentistas, médicas, eran contadas las profesionistas mujeres. Si ibas al colegio de abogados o de médicos no veías mujeres. A mi me tocó esa etapa en que las mujeres irrumpimos en las universidades, pero también fue una etapa muy difícil, muy dura, porque había un movimiento en contra de los estudiantes.
Eras estudiante, eras adolescente y además eras mujer, eran tres inconvenientes muy fuertes y muy graves, además yo tenía un cuarto inconveniente, que era ser madre soltera. Yo fui la primera estudiante que fue embarazada a la universidad, incluso hubo un grupo que quiso sacarme de universidad.

¿Cómo sobreviviste a esas fuerzas, a esos obstáculos?
Ahora sí que con mucho cinismo (suelta la risa). Sobreviví con mucho cinismo y afortunadamente el director de la escuela era amigo de mi padre. Además yo sí hablé abiertamente, defendí mi derecho humano, como individuo libre, pensante y con derechos, porque no había ningún artículo en la Constitución que prohibiera a las mujeres que no fueran a la escuela, pero socialmente… no quiere decir que fuera la primera mujer que se hubiera embarazado, pero yo recuerdo a todas mis compañeras de la secundaria y de la prepa, inmediatamente las sacaron de la escuela, las casaron…

Y aún sucede eso, donde la familia reacciona de esa forma…
Pero no nada más la familia. A mi me dejaron de hablar todas mis amigas, con las que pasé toda la primaria y la secundaria, mis mejores amigas, todas mis vecinas me dejaron de hablar, ¡todas!, sólo tres amigas me siguieron hablando, incluso amigos me dejaron de hablar, porque tenía el cinismo de ir a la escuela y andar enseñando mi panza.
Fue muy difícil y fueron pleitos no sólo con el aparato educativo, sino también con el aparato intelectual y de artistas, porque también todos los que escribían eran hombres, sólo había una mujer por ahí escondida.

Varios te mencionan en el movimiento literario de Tijuana, ¿Qué recuerdas de esos momentos? ¿Cómo los viviste?
Ese movimiento del que hablas surgió en los setenta, pero nos ubican en los ochenta, pero en realidad surgió a mediados de los años setenta, como en el 75. Nos juntábamos un grupo de compañeros de amigos, que habíamos ido a estudiar a la universidad, en México, porque en Baja California sólo había cinco carreras, y ninguna de esas incluía una que estuviera relacionada con el arte.
Entonces todos los que querían estudiar arquitectura, psicología, odontología, filosofía, literatura, o sea ¡todo, todo!, teníamos que emigrar. Nos habíamos ido un grupo de estudiantes a la Ciudad de México, pero no por eso nos desconectaba de los movimientos literarios anteriores al nuestro, no se daba rupturas. Lo que sí fue, es que nosotros hicimos una propuesta literaria nueva, por influencia de la “literatura de la onda”, que además empezaba con escritores en México, queríamos integrar en nuestra literatura el habla regional, nosotros lo que hicimos fue literaturizar el habla de Tijuana, porque hasta ese momento todo lo que habíamos leído, y en particular, para mi fue determinante, porque yo sí lo he hecho manifiesto y lo he intelectualizado, porque lo he pensado, todo lo que había leído o era de lengua extranjera o era literatura en español extranjera, y la literatura mexicana que había leído estaba escrita en una lengua, no ajena pero distante, eran los regionalismos de Jalisco, de México, todo lo que es el centro del País, entonces yo no me reconocía ni en las calles de esos textos, ni en los edificios de esos textos, ni en la manera de hablar de los personajes de esos textos. Estaban escritos en un español mexicano, pero yo no encontraba ni la avenida Revolución, ni el cine Bujazán, ni el (teatro) Zaragoza, ni el Jai Alai, yo no me encontraba en ninguno de esos escenarios, para mi era muy importante escribir textos que fueran dirigidos a la gente con la que yo convivía.
A mi no me importaba si me leían en el DF o en Estados Unidos. Además a mi me interesaba escribir para mis amigas, para las mujeres, porque todos los personajes eran hombres, y las mujeres que escribían sus personajes eran hombres, y los personajes femeninos que aparecían eran personajes secundarios y no me gustaban...

¿Qué encontrabas en ellas que te desagradaba?
Pues eran personajes difusos, inseguros, eran bocetos, eran de adorno, de complemento, no eran personajes de carne y hueso, eran utilitarias totalmente. Yo sí me propuse estos tres planteamientos cuando empecé a escribir: para mujeres, lenguaje regional y tocar temas que transcurrieran en las calles bajacalifornianas.
Mis compañeros escritores hombres también se plantearon en escribir sobre Tijuana y en un lenguaje regional, y bueno pues ellos continúan en su tradición de machos (comentó en un tono más de burla).

Retomando tu trabajo en el performance, también hablas de las mujeres…
Tengo uno que se llama “Mi educación sentimental”, es toda la educación oral, no la educación formal, sino oral, que recibimos a través de las canciones, ahí el escenario es Tijuana y Ensenada, entonces hablo de cómo somos educadas desde niñas, con las canciones que escuchábamos, de los paseos, los cortejos, las fiestas para recibir a los chavos, por esto que te decía que todos se iban a estudiar a Guadalajara, a México, entonces en las vacaciones de verano, de navidad, hacían 20 mil tardeadas, y voy narrando y cantando las canciones que escuchaba desde niña y cómo las letras de estas canciones influyen en tu manera de ser.

¿Consideras que las mujeres podemos romper esos patrones?
Pues claro, lo estamos haciendo…

Porque de repente las mujeres son las que repiten y enseñan todos esos patrones…
Finalmente quien educa a los hijos es la escuela, la música, la calle, la televisión, el cine (suelta la risa), y es muy fuerte, porque a mis hijos yo los eduque de una forma, y yo también me eduque en una familia muy atípica, porque mis papás fueron muy relajados, muy tolerantes, pero en la escuela no, mis compañeras no. Finalmente se encarga de que si eres educado de manera diferente, se encarga de castigarte muy duramente, con no darte trabajo, no rentarte una casa. Si quieres hacer cosas diferentes, tienes que pagar el precio. Ahora las mujeres estamos haciendo cosas para cambiar.

¿Haz presentado tus performances en Tijuana?
Aquí en Tijuana fue hace mucho tiempo. A mi a Tijuana no me invitan desde… hace mucho, a mi en Tijuana me reprochan que ya no estoy en la ciudad, me ven como traidora a la Patria porque estoy trabajando en México. No dejamos de ser una ciudad xenofóbica, desafortunadamente. El estado de Baja California es muy reaccionario, la xenofobia es muy gruesa, aquí hay un gran odio por la gente del centro del País.
A mi me dicen traidora porque vivo con lo chilangos, pero yo traigo un proyecto de trabajo que no puedo dejar, digo, además de no me han hecho una propuesta de trabajo interesante aquí en Baja California.
Yo me pasé nueve años aquí en Tijuana, invirtiendo dinero y haciendo una gran labor de promoción cultural, y tenía unas deudas terribles, porque publiqué primero unas revistas, promoviendo escritores, incluso publiqué algunos libros, todo de mi bolsa, participé activamente en muchos proyectos culturales, y llegó un punto en que me estaba ahogando en deudas. Fui a México y me ofrecieron varios proyectos, todos muy interesantes, entre ellos hacerme cargo de la coordinación editorial del Colegio de México, además Astrid (Hadad) me pidió que me hiciera a cargo de toda su imagen.

¿Cómo te relacionaste con Astrid Hadad?
Conocí a Astrid en un Festival de la Raza, participamos las dos, cuando a mi me tocó ir a verla, me pareció genial, me encantó su discurso, me di cuenta que había muchas venas comunicantes, y su propuesta, no sólo discurso y su propuesta musical, sino que su propuesta visual me pareció muy… revolucionaria, aun cuando ella estaba retomando muchos elementos tradicionales, como la de “ Tin Tan” de cambiar de un género a otro, tenía un discurso político, feminista, muy novedoso, y su vestuario me pareció que era una propuesta escénica muy interesante, en ese momento pensé “que chingonería sería hacerle el vestuario a esta mujer”. Yo me había financiado mi carrera haciendo vestidos de novia, porque yo hago vestidos de alta costura, pero cuando vi Astrid, fue un pensamiento.
Cuando me fui a la Ciudad de México, empecé a asistir al grupo interdisciplinario “Los comensales del crimen”, que era en casa de Felipe Enrenberg y de Lourdes Hernández, había caricaturistas; una cocinera que era literata como Lourdes Hernández; un roquero; ahí también iba Astrid, no participaba en el grupo pero de repente iba.
Una vez estaba Astrid quejándose de que no encontraba costurera, y Lourdes fue la que le dijo que yo hacía ropa de alta costura. Ahí fue cuando empecé, eso fue en enero de 1994.
Todo lo que es el corte de las piezas, el armazón, la estructura del vestuario lo hago yo, hay cosas de alta costura que las termino hasta el final, y luego llega el instalador que les pone los corazones y todo eso.

Rosina, también has transitado en el periodismo cultural, yo se que para los que son escritores es fácil entrar en el campo del periodismo, ¿Cómo es que también desarrollas esta faceta?
Yo nunca me he impuesto fronteras, límites, a mi me choca trabajar con límites, hace poco di una conferencia en la UNAM, fue un foro que se llamó “ Mujeres y literatura en la frontera”, yo lo que planteo es un tema muy paradójico, porque por un lado la literatura no tiene fronteras, en el sentido de que en la literatura puede suceder cualquier cosa, si no, no habría literatura de terror, de ficción, no habría literatura y punto, pero por otro lado, por eso es la paradoja, es posible que sí haya esos límites, precisamente porque la mente humana sí los tiene, los seres humanos somos territorialistas, y desde ese momento estamos poniendo límites para que no invadan el territorio, la misma cerca de tu casa es el límite entre la propiedad privada y la propiedad comunal, y nos ponemos fronteras sociales, pero también las fronteras son arenas movedizas, porque conforme va cambiando la moral, los sistemas sociales, cosas que ahora son permitidas mañanas pueden ser prohibidas. Por eso las fronteras son arenas movedizas.

¿Cómo ves la situación política del País?
Ojalá que gane (Andrés Manuel) López Obrador, porque tiene un proyecto educativo muy importante. Yo tengo 32 años dando clases, y desafortunadamente me ha tocado ver como se ha ido deteriorando la educación. Yo comparo cómo salíamos de la secundaria, sabíamos leer y escribir, sin faltas de ortografía, sabía analizar, y ahora un chavo sale de la prepa y no sabe pensar, ya no te enseñan a pensar, como no le pudieron dar en “la madre” a los estudiantes en el 68, se propusieron darnos en “la madre” con nuestros hijos, entonces todo el sistema educativo esta diseñado para que no piensen, no sean analíticos, no sean críticos. López Obrador tiene un proyecto educativo muy importante que esta un poco basado en la Universidad de la Ciudad de México, y si gana va a ver un gran impulso en la educación.

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