Conforme pasaban los minutos, comencé a sentirme observada por las pocas personas que estaban ahí, imaginé que la pareja comentaban entre ellos: "Mira a la mujer esa (o sea yo) ya la dejaron plantada, tsss"; el hombre que veía el futbol, pensé que diría hacia sí: "Tal vez le pueda invitar una chela, sola ella, solo yo, ya se armó", y así una serie de pensamientos me asaltaron.
Quise esconderme, saqué mi blackberry y busqué una señal WiFi... maldición nada. Fue cuando me percaté de mi dependencia a la computadora, a mi necesidad de estar "conectada" cotorreando con otros, jugando con personas que ni conozco, y entonces me dije: qué jodida estoy, sin embargo no me sentí tan mal, pues no era la única que deseaba enajenarme, había un caballero junto a la rocola, en su mesita, que estaba lleno de vasos con cerveza, tenía una laptop, la cual no dejaba de ver. Pocas veces levantó la vista para ver quién estaba o llegaba, ocasionalmente extendía su mano para alcanzar un cacahuate.
Me di cuenta que no soy la única viciosa, pero no he llegado al grado de cargar con la laptop al bar para compartir unas chelas con los amigos, aún me gusta dedicar mi atención por completo a todos con los que comparto una cerveza. !Salud!
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