20.9.09

La caja de los recuerdos


Cuando hago limpieza, suelo tirar la mitad de las cosas que considero que ya no voy a utilizar, siguiendo un poco el consejo de que si algo ya no lo utilizas en un año, es mejor no conservarlo. Y al estar metida en mi closet me encontré una caja que he cargado conmigo desde que estaba en la primaria: mi caja de recuerdos.


Direcciones viejas, teléfonos que ya no existen, pensamientos que se han quedado atrapados en las tarjetas y cartas de amigos, de quienes ya no se qué fue de ellos… palabras que huelen a viejo, a recuerdos de antiguos novios, buenos deseos de amigas que ya no vi después de que salí de Ensenada.


Al abrir la caja, las imágenes de mis incondicionales corrieron por la memoria: la Güera, Tania, Chely, Eiko y Karlita; de mi prima Lili, que dejó Ensenada de niña y ya ahora busca ser madre; de Oscar, Ricardo y Luis, que en algún momento ocuparon una parte de mi corazón; de los compañeros de escuela que me regalaron un poema, un dibujo o un pensamiento sincero. Recordé a personas que ya había olvidado que me enseñaron algo importante.


Fue como una caja de Pandora, pero en vez de males, salieron recuerdos bonitos, otros cómicos, y otros tristes. Decidí continuar con ella, sólo para acudir a ella en momentos en que necesite revisar mi vida, y acordarme de todas las personas que han pasado por mi vida, y que yo he pasado por ellas…

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