Se siente la diferencia entre una ciudad y Tijuana... lo siento, pero así es.
La realidad que impera en nuestra apreciable ciudad, es brutal... las patrullas no dejan de llorar por las calles; corren por las vías citadinas como lamentos que recuerdan el caos social.
Sí, La Paz hace honor a su nombre, hay paz, tranquilidad... las personas paseaban tranquilas buscando sus regalos, no había prisa, sólo de que la Navidad estaba a unas cuantas horas, pero de ahí, la parsimonia iba por delante.
Una semana sin ver las noticias, sin saber si llovió o hizo aire, sin la cuenta de los muertos, balaceras, encajuelados, ataques a las autoridades de seguridad pública, nada así de simple...
El mar azul, el desierto, los atardeceres calientitos, y perros por doquier (los caninos fueron parte curiosa de este viaje), un viaje relajante, un parentetesis a la sicosis (junto al resto de los tijuanenses) que vivo y al estrés...
Gracias Bilo, por el paseo...
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